Me he pasado el fin de semana ordenando dos cerebros: el mío y el de mi empresa.
El personal (mi PKM, para los que andéis en esto de la gestión del conocimiento) y el compartido de entaina (el OKM). Notas, proyectos, clientes, decisiones. Todo lo que quiero que la IA sepa cuando le pido algo.
Y mientras lo hacía me acordaba de la cantinela de hace dos años: que si el prompt engineering iba a ser la profesión del futuro, que si cursos, que si plantillas mágicas para pedirle las cosas a ChatGPT.
Y a ver, parcialmente era verdad. Pedir bien las cosas ayuda. Siempre ha ayudado, también con las personas.
Pero hoy el mejor ingeniero de prompts es el propio modelo. Escribir buenos prompts va camino de ser como saber usar un navegador: necesario, pero no diferencial.
La pregunta ya no es esa
La pregunta ya no es cómo escribes el prompt. Es qué sabe la IA de tu empresa cuando se lo escribes.
Piénsalo con un empleado nuevo. Si el primer día le pides “prepárame la propuesta para el cliente X” sin contarle quién es el cliente, qué vendéis ni cómo escribís las propuestas, el desastre no es culpa suya. Es tuya.
A la IA le pasa exactamente lo mismo: no falla por falta de inteligencia, falla por falta de briefing. Cada vez que la respuesta me parece mala, hago el mismo ejercicio: ¿habría acertado una persona brillante con la misma información que le he dado? Casi siempre la respuesta es no.
Lo importante no es dónde está, sino cómo se encuentra
Y aquí viene lo que de verdad he aprendido este fin de semana ordenando mis dos cerebros.
No necesitas la jerarquía de carpetas perfecta. No necesitas el gestor documental definitivo. No necesitas migrarlo todo a la herramienta de moda. Necesitas que, cuando tú o la IA hagáis una pregunta, el contexto relevante aparezca.
Durante años hemos discutido dónde guardar el conocimiento — ¿en qué carpeta, en qué herramienta, con qué etiquetas? — y era la discusión equivocada. Con la IA, el conocimiento ya no se navega: se encuentra. Lo que importa es que exista, que esté escrito y que sea localizable cuando hace falta.
(Tengo otra obsesión con este sistema: la soberanía tecnológica — que mi conocimiento no viva secuestrado en la plataforma de nadie. Pero eso da para otro post.)
Haz el mapa antes de comprar herramientas
Si estás metiendo IA en tu empresa, mi consejo es simple: antes de comprar herramientas, haz el mapa.
¿Qué 3 o 4 contextos deberían acompañar cada petición que hacéis? La estrategia, el cliente, el estilo, las restricciones. En entaina, por ejemplo, el briefing estratégico acompaña ya a casi cada prompt que lanzamos: todo lo que la IA hace por nosotros sale alineado con la estrategia sin que nadie tenga que recordárselo.
Y ojo, que esto no va solo de empresa: también valen los objetivos personales. Mi agente sabe que uno de los míos es cuidar mi salud. Así que cuando se me van las horas currando por la noche, no me ofrece más productividad: me manda a dormir. Ese es el nivel de contexto del que hablo — no que la IA sepa dónde están tus documentos, sino que sepa qué es importante para ti.
Formalizar esos contextos es formalizar el conocimiento de tu organización. Llevamos 30 años intentándolo con la gestión del conocimiento y casi siempre se quedaba en el intento — al fin y al cabo, mantener aquello no le servía a nadie en su día a día. Ahora hay un incentivo real: cada documento bien escrito trabaja para ti cada vez que alguien le pide algo a la IA.
¿Alguien más está construyendo su segundo cerebro para trabajar con IA? Me encantaría ver cómo lo estáis resolviendo.