ChatGPT es facilísimo y engancha. Pero el salto a tu propio agente exige un trabajo de contexto y una disciplina que solo sostiene quien se interesa por la tecnología en sí. Ahí se está atascando la adopción.

Los que nos dedicamos a la tecnología tenemos una suerte inmensa: nos interesa en sí misma. A mí me interesa la esencia de cómo funcionan las cosas; a la mayoría de la gente le interesa solo el resultado que producen. Es una relación puramente utilitarista, y no tiene nada de malo.

Hasta ahora, además, funcionaba. No necesitas entender cómo funciona un ordenador para usarlo.

Pero con la IA esto se rompe.

La trampa de la facilidad

ChatGPT es facilísimo de usar. Te conectas, preguntas, es un chat, es hasta divertido. Y además has oído que la gente hace cosas absolutamente alucinantes con esto. Es verdad: a poco que hagas, enseguida tienes buenos resultados.

El problema surge cuando quieres dar el siguiente paso. Cuando quieres pasar de hacerle preguntas a ChatGPT a tener tu propio agente, tu propio asistente, tus propias skills. Todo el mundo quiere hacerlo. Y ahí descubres que no hay reglas claras de cómo se hace.

El usuario se topa con un muro que nadie le había anunciado. Y la reacción la estamos viendo en muchos clientes: “esto no vale para nada”, “no merece la pena el tiempo que me cuesta” y —la más dañina de todas— “esto es demasiado difícil para mí, esto es tarea de un tecnólogo”. Y entonces ni lo intenta. Se deja de usar.

El trabajo que nadie te contó

Ya sé lo que toca decir aquí: que las herramientas mejorarán, que es cuestión de tiempo, que cada vez será más fácil. Y es verdad. Pero quedarse en eso es perderse lo importante.

Para que la IA se convierta en una nueva manera de trabajar —y no en un juguete de fin de semana— hace falta trabajo. Un trabajo que va en dos líneas.

La primera: darle contexto. Y darle todo el contexto a la IA no es fácil, porque tenemos un montón de información que no está digitalizada y que hay que hacérsela llegar. El ejemplo más simple del mundo: tu agente te dice “envía este correo”, tú lo envías desde otra aplicación, y tu agente no se entera. Así que te lo vuelve a pedir. Necesitas montar un sistema en el que compartas la información con tu agente. Y esos sistemas requieren esfuerzo, dedicación y disciplina.

Pídele a ChatGPT un plan comercial para tu empresa, así, sin más. Te dará un plan estándar, de calidad razonable, que no te va a servir de nada. Conclusión fácil: “la IA no sirve para hacer planes comerciales”. Pero piénsalo: si tuvieras en tu equipo al mejor director comercial del mundo y le pidieras un plan sin contarle nada de tu empresa, pasaría exactamente lo mismo. El problema es que a la IA hay que darle todo eso. Y prepararlo es mucho trabajo.

La segunda: mantenerlo. Con la IA pasa lo mismo que con todas las aplicaciones de productividad personal de la historia: que al final dejamos de usarlas. El sistema de contexto se deteriora con el tiempo. Hay cosas que no le cuentas, hay cosas a las que no tiene acceso, hay decisiones que se quedan fuera. Y el valor que te aporta va cayendo hasta que un día ya no vuelves.

El desafío o la excusa

Y aquí está la diferencia de fondo. Cuando la tecnología te interesa, algo que no funciona no es un problema: es un desafío. Te pones a investigar qué ha pasado, por qué la IA no ha podido darte el resultado que esperabas, y sales con el sistema mejorado y la sensación de estar construyendo algo.

Cuando no te interesa, ese mismo fallo es la confirmación que estabas esperando para abandonar.

Esto no es “instalo el software y se acabó”. Es “instalo el software, monto un proceso de realimentación y cambio mi manera de trabajar”. Y los que nos dedicamos a esto tenemos que encontrar la manera de resolver esa dificultad para todos los demás — porque la mayoría de la gente no tiene ninguna intención de que le interese la IA, y no por eso debería quedarse fuera.

En entaina estamos intentando resolverlo por dos caminos: Adoption, nuestra plataforma para la adopción de la IA en las organizaciones, y un servicio de entrenadores personales — personas que se sientan contigo y te ayudan a resolver una parte de los problemas que he contado aquí. Aunque el problema más difícil de resolver no lo arregla ninguna plataforma: el cambio de hábitos y actitudes que la IA te exige. Pero eso da para otro post.